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Secundino Rivera, uno de los trovadores de huapango más conocidos de la Sierra Gorda, recreó con décimas y música la tradición del baile y la poesía pública en el Jardín Guerrero de Querétaro.
Secundino Rivera nació en un ranchito llamado Salinas, en el municipio de Peñamiller, en la Sierra Gorda donde el huapango no es sólo canto y baile, es una forma de vida. “El Ruiseñor de la Sierra” le llaman porque allá por 1983 cuando se fue a trabajar a Watsonville, California, tocaba y cantaba en las fiestas de los migrantes y en la estación “Radio Comic”, el locutor lo presentó así.
Es uno de los trovadores del campo queretano que expresa en décimas cantadas el amor por la mujer, por la tierra, por la gente pero no de forma “romántica” sino en un contexto social, cultural y político. Ejerce una tradición muy antigua de música, de poesía pública y de baile como una practica contemporánea de la juglaría; es decir, su canto lleva pregón, crónica y preocupación por el acontecer de la gente.
Solito a este mundo vine,
yo no conozco el amor.
Mi verso bien los describe,
mi madre se me murió,
mi padre dicen que vive
y ni lo conozco yo
“Como trovador – comenta Secundino-. Hay que estar siempre atentos a lo que la gente trae en la cabeza y no le deja reposo. Es el material del trovador para improvisar. Del violín, la jarana y la quinta huapanguera yo me decidí por esta última, normalmente el de la quinta es el trovador y yo, gracias a Dios, se me da un poco trovar por eso me inclino por la guitarra”.
La tradición del canto improvisado y la décima es común a todo América Latina y sigue viva, en Puerto Rico, Perú, Santo Domingo, Venezuela y Panamá, en Cuba están los “repentistas” que hacen duelos de versos, en Argentina y Paraguay tenemos los payadores y en Portugal se está gestando un movimiento de jóvenes universitarios, acostumbrados a la Internet y las nuevas tecnologías, que están rescatando la tradición del canto improvisado con inteligencia y lucidez.
La gente que acudió al Jardín Guerrero festejó cada improvisación de Secundino y le reconoció el trabajo realizado para dar a conocer el huapango en los Estados Unidos, donde no sólo acude a tocar, “Yo empecé a dar unos talleres aquí y después seguí en los Estados Unidos – nos platica el trovador-, he dado talleres en Puebla, Veracruz, San Luis Potosí, Tamaulipas, talleres de música y sobre todo de improvisación. Me he presentado en Texas, en Austin, Dallas, Houston, en Escondido California, en Watsonville y en Salinas”.
Cada improvisación fue festejada con un zapateado intenso sobre el tablado pero la presentación de Secundino no coincidió con la de otros troveros para presenciar un duelo de versos, en el cual los presentes pueden pensar que de las palabras van a pasar a los golpes pues el lenguaje es florido y directo. “Las palabras a veces invitan como que a descogotarse – recuerda Secundino-. Una vez estuvimos haciendo unos versos con don Guillermo Velázquez, un gran poeta, y cuando terminamos nos bajamos y me dice ‘don Secundino vamos a tomarnos un café a la casa’. Estaba un señor grandote con un sombrero negro, me acuerdo, y nos dice ‘Oigan hijos de su tiznada –así nos dijo- yo no me fui a dormir , esperé toda la noche porque quería ver a que hora se rompían la jeta y mira se van a tragar café’.
Y "querreque",la huapangueda siguió bajo la noche queretana.
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