Sin embargo,
en el estado vecino, cuna de los purépecha han desarrollado
sistemas de piscicultura que permiten prolongar la vida del brillante
pez.
Asado, frito
y empanizado, el pescado blanco es favorito por su suave sabor,
que combina perfectamente con salsas blancas. Bañado en
aceite de oliva, con ajo y hierbas finas es insuperable, y todavía
es muy peculiar su preparación como relleno de tamales
michoacanos. Estos son muy peculiares porque se envuelven en hoja
de chayote y son llamados papákata, según la lengua
purépecha y su receta es ancestral, que aún se prepara
en la isla de Janitzio, junto al pueblo de Pátzcuaro.
El
charal, nostálgica botana
Una costumbre que no se pierde es la de “botanear”
con charales por el malecón de Chapala. Fritos con sal
o enchilados, ocupan un lugar preponderante entre los puestos
de artesanías, dulces regionales y nieve de garrafa, ya
que son económicos y combinan muy bien lo mismo con una
cerveza helada que con una agua de frutas de la estación.
La producción
óptima del charal ocurre de noviembre a marzo, en plena
época de Cuaresma el charal escasea, pero para entonces
ya los productores del diminuto pescado frito se han preparado,
toda vez que llegan a producir dos toneladas y media del producto,
suficiente para tener abasto todo el año.
Lo curioso
del charal es que originalmente no era una especia que gustara
al turismo, ni siquiera nacional, por ello se pensó en
su conservación a través del empanizado natural
o con chile, que actualmente goza de mucha popularidad y que se
surte hasta Monterrey, Nuevo León, Ciudad Juárez,
Chihuahua y Culiacán, Sinaloa, y es posible encontrarlo
en casi todos los supermercados de la ciudad.
Distinto a
lo que ocurre con los pescados en Cuaresma, su precio no se dispara
y a pesar de ya estar listo para comerse, puede utilizarse en
recetas que reten a la imaginación de las chefs caseras,
es decir, las amas de casa: puede pulverizarse como el camarón
seco y emplearse en lugar de éste para las tortas, con
lo que la sensación terregosa de su ingrediente original
se atenúa.
En la ribera,
los platos con charales siempre vienen acompañados de un
limón partido y, aunque parezca una botana sencilla, los
conocedores saben que se le debe poner unas gotas de limón
por cada charal a degustarse e inmediatamente llevarlo a la boca,
ya que lo absorbe tan rápido que si se rocía por
todo el plato, no se le sentirá jamás el ácido
sabor.
En el mercado
de Chapala se venden crudos y la receta favorita para cocinarlos
en casa consiste en una salsa de tomate y chile pasilla, en las
que se cose junto con papas, luego de ser fritos.